martes, 2 de octubre de 2012

La utopía hacia el destino del Hombre como sugerencia de la obra de Marta Sánchez Luengo


Pues ahora hablaremos de otras utopías, de las poéticas y necesarias, de las positivas que ofrecen la posibilidad de construir, al menos así las entiendo. En las últimas conversaciones sobre arte que tuve con el pintor José Antonio López, siempre terminamos dejando abierto el criterio del Arte, al tratar sobre las propuestas tanto abstractas como figurativas actuales. Pienso que precisamente en esta apertura del Arte y del artista reside su plenitud, si es que de algún modo es justificable hablar de trayectoria y cumplimiento. Lo que sí que dejamos más acordado es la necesidad de artesanado, del oficio, de la herramienta personal como medio de expresión que formaliza un estado final. Hablamos de la profesión, del saber hacer y de la técnica que permite al artista realizar un poder ser la obra final, y que puede, y creemos debe, si acaso, realizar una trayectoria inversa desde el oficio al incumplimiento de la norma si es lo que requiere la expresión. Se trata de desandar el camino para empujar los límites, para ver los senderos, callejones y obstáculos que salen a mitad del itinerario y que quizás pasaron desapercibidos o fueron conscientemente ignorados. No entro en juicios valorativos sobre si lo materializado es parte de lo hallado en el camino, si es cambiar la perspectiva de lo hallado o si a base de pico y pala transformo ese mismo hallazgo e incluso el camino mismo. No sé si el artesano es poco moderno (postmoderno), si se aburre ahogado de academicismo, si ha olvidado o es que su interior yace repleto de experiencias incomunicables. Lo que sí que puedo decir desde mi interpretación personal, y quizás alguien todavía me siga, es que hecho en falta obras accesibles y comunicantes. Si el experimento pretende ser esto por parte del artista: una propuesta o un ejercício público, perfecto e incluso disfrutable; pero la transmisión, y creo que con ello la obra de arte se torna como tal, debe conmover al público, y más aún crecer en el espectador y esto no sucede tantas veces. A mi me ocurría, por ejemplo, con el álbum Akixi de Jordi Gaspar, aunque no significa que le suceda a todo el que lo escucha pero sí que es buena referencia la manera para acercarse a una obra y descubrir que paulatinamente se va convirtiendo en Arte al completarse en la recepción del espectador. Creo que en esto me ciño a la básico y no expongo nada nuevo.



Sin embargo de vez en cuando surge alguna grata sorpresa que sin grandes pretensiones consigue conectar arte y espectador o si se prefiere, sueño y realidad. Una de ellas ha sido dar con la obra de Marta Sánchez Luengo y lo que según mi interpretación se traduce como la utopía hacia el destino del Hombre, sin duda, el gran protagonista de su escultura. No se trata solamente de un hombre escindido o desestructurado, quizás solitario o enrejado, sino de un ser humano “de a pie”, es decir, cualquiera de nosotros, en pleno flujo heracliteano si se prefiere e intelectualmente curioso e interrogante. El hombre de cada día con sus temores y pasiones. Sus esculturas hablan de trayecto, de rumbo, de la confluencia con otros seres humanos y del encuentro, de la metáfora del cambio y del intercambio –algunas veces con el espectador mismo- pero también de introspección y de los tiempos lentos de la vida. Si por un lado nos muestra al Hombre encapsulado o compartimentado en su vivencia, al mismo tiempo de manera positiva también en su intención de apertura, de ser proyecto y posibilidad de ser; de la necesidad de desgarrar una soledad inevitable, creadora y consciente de otros seres como él (quizás también en su misma búsqueda) y que Marta plasma en formas llenas de sugerencia e interpretación: paz, sosiego, soledad, deseo, tristeza y felicidad, cotidianeidad y también huída. De algún modo su obra te acerca a esa orilla donde pocas veces es posible amarrar en mitad de este mundo actual. Y no es que no haga falta cierto regreso a los lugares internos, calmados y reflexivos; necesidad de un momento donde la tecnología y el egoísmo agresivo de un individuo heredero de lo Romántico, desbocado hasta su extremo, olvida la otra parte humana que no es mercado, soma o violencia. Parece olvidado que el Hombre trae una Historia a sus espaldas y con ella todos sus conceptos y valores. De hecho si hay limpieza por el Arte es precisamente por acercarnos terapéuticamente a todo eso, más en el momento adecuado, y esto del algún modo revoluciona, es decir, también es vanguardia.


En la personalidad de sus figuras no yace un mero estudio morfológico sino que se entrevé una antropometría intelectual y espiritual del Hombre, que busca su realización también en la unión en común con lo que básicamente nos hace humanos. Encuentro la justificación de otros elementos no antropomórficos de la obra: se hace difícil entender al ser humano sin su entorno. Remite a lo real. El hombre no está solo y se construye con lo que ve, esto le hace además cotidiano; de otro modo, el Hombre se adivina vacío, desgarrado y del que no queda absolutamente más que si acaso su ‘supuesto’ espectador. De esta manera la alegoría de la obra remite a lo trascendental.
Pero también yace en sus obras el abismo, el espacio. El mismo que se percibe en el propio lugar donde la obra se sitúa pero también se integra; así el hombre se comprende consciente de un Universo, que entendido como exterior, termina desvelando que no es sino el propio ente observando.
Si su obra es catársis, lo es por trasladarse al regreso del Hombre a su origen donde la pregunta al universo estaba respondida de antemano en el interior del Hombre mismo: la respuesta eres tú, pero se trata de un tú en movimiento, nunca redundante y acabado, por eso al mismo tiempo se trata de una respuesta interminable, siempre incompleta dado que el propio ser humano es proyecto de ser y seguir siendo, por tanto utópica, hacia donde tender, hacia el camino-destino que proponen las figuras y alegorías de Marta.

www.martasanchezluengo.com






 

viernes, 15 de junio de 2012

Las utopías son una soberana estupidez


En buen medida, los movimientos sociales como el 15 M y semejantes me parecen un bla-bla-bla. No le encuentro contenido al movimiento; falta profundidad, echo de menos más estudio. Todas esas carencias provocan resultados vagos y reiterativos. Sé que los jóvenes están descontentos, pero no parecen conscientes de que nunca hemos estado mejor. Las generaciones anteriores, como mínimo, han vivido una guerra. Hay demasiada amnesia en la sociedad. Las utopías son una soberana estupidez. Decía Ortega y Gasset que el utopismo no ha tenido la crítica que merece. No solo es inactual, sino que quiere hablar de todo desde ningún sitio. El que ama la verdad, ama la cosa determinada, lo concreto. Es decir: acepta el mundo como es. 
Antonio Escohotado. Cit. Rev. Filosofía Hoy  nª 12.


viernes, 8 de junio de 2012

Últimas noticias...


«Siendo yo joven, pasé por la misma experiencia que otros muchos; pensé dedicarme a la política tan pronto como fuera dueño de mis propios actos; y he aquí las vicisitudes de los asuntos públicos de mi patria a que hube de asistir. Siendo objeto de general censura el régimen político a la sazón imperante, se produjo una revolución; al frente de este movimiento revolucionario se instauraron como caudillos cincuenta y un hombres: diez en el Pireo y once en la capital … mientras que treinta se instauraron con plenos poderes al frente del gobierno en general. Se daba la circunstancia de que alguno de éstos eran allegados y conocidos míos y en consecuencia requirieron al punto mi colaboración, por entender que se trataba de actividades que me interesaban. La reacción mía no es de extrañar, dada mi juventud; yo pensé que ellos iban a gobernar la ciudad sacándola de un régimen de vida injusto y llevándola a un orden mejor, de suerte que les dediqué mi más apasionada atención, a ver si lo conseguían. Y vi que en poco tiempo hicieron aparecer bueno, como una edad de oro, el anterior régimen. Entre otras tropelías que cometieron estuvo la de enviar a mi amigo, el anciano Sócrates, de quien yo no tendría reparo en afirmar que fue el más justo de los hombres de su tiempo, a que en unión de otras personas prendiera a un ciudadano para conducirlo por la fuerza a ser ejecutado; orden dada con el fin de que Sócrates quedara, de grado o por fuerza, complicado en sus crímenes; por cierto que él no obedeció, y se arriesgó a sufrir toda clase de castigos antes de hacerse cómplice de sus iniquidades. Viendo, digo, todas estas cosas y otras semejantes de la mayor gravedad, lleno de indignación me inhibí de las torpezas de aquel periodo … No mucho tiempo después cayó la tiranía de los Treinta y todo el sistema político imperante. De nuevo, aunque ya menos impetuosamente, me arrastró el deseo de ocuparme de los asuntos públicos de la ciudad. Pero dio también la casualidad de que algunos de los que estaban en el poder llevaron a los tribunales a mi amigo Sócrates a quien acabo de referirme, bajo la acusación más inicua y que menos le cuadraba … Al observar  yo cosas como éstas y a los hombres que ejercían los poderes públicos, así como las leyes y las costumbres, cuanto con mayor atención lo examinaba, al mismo tiempo que mi edad iba adquiriendo madurez, tanto más difícil consideraba administrar los asuntos públicos con rectitud … De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas las direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente, Y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno público como en el privado, y que no cesará  en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra» Platón Carta séptima, (traducción de M. Toranzo, Instituto de Estudios Políticos, 1970)

jueves, 7 de junio de 2012

La ciudad del corazón

Hoy he vuelto a mi ciudad y he visto caras tristes, almas tristes.
Brazos cruzados y viejas mochilas de regalo.
Pijos veraniegos y funambulistas del vestido.
Las caras conocidas pasando desapercibidas ante gentes vacías de todo.
De todo menos de nostalgia de ser, de experiencia e identidad.
La soledad pasea las calles que no es sino ensueño de la crisis,
De los tiempos mejores que habrán de llegar.
La lucha se quiebra pero el deseo también.
Tristeza en el corazón alegre de mi cuidad
que destila sus lágrimas bajo toldos y escaparates.




viernes, 27 de abril de 2012



Si je t'ai blessée
Si j'ai noirci ton passé
Viens pleurer au creux de mon épaule
Viens tout contre moi
Et si je fus maladroit
Je t'en prie, chérie, pardonne-moi

Laisse ta pudeur
Du plus profond de ton cœur
Viens pleurer au creux de mon épaule
Oublie si tu peux
Nos querelles d'amoureux
Et, chérie, nous pourrons être heureux

Ô, mon amour
Ne m'enlève pas le souffle de ma vie
Ni mes joies
Pour ce qui ne fut qu'un instant de folie

Ne dis pas adieu
Nous serions trop malheureux
Viens pleurer au creux de mon épaule
Car si tu partais
Si mon bonheur se brisait
Mon amour, c'est moi qui pleurerais

Ô, ô mon amour
Ne m'enlève pas le souffle de ma vie
Ni mes joies
Pour ce qui ne fut qu'un instant de folie

Ne dis pas adieu
Nous serions trop malheureux
Viens pleurer au creux de mon épaule
Car si tu partais
Si mon bonheur se brisait
Mon amour, c'est moi qui pleurerais

Al hueco de mi hombro

Si te herí
Si oscurecí tu pasado
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Todo está contra mí
Y si fui torpe
Por favor, amada, perdóname
Pon freno a tu pudor
Desde lo más profundo de tu corazón
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Olvida si puedes
Nuestras disputas de enamorados
Y, amada, podremos ser felices
Oh, mi amor no me quites el aliento de mi vida
Ni mis alegrías
Para lo que fue sólo un instante de locura
no nos despidas
seríamos demasiado infelices
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Porque si te marchas
Si mi felicidad se destrozase
Mi amor, soy yo el que lloraría
Oh, mi amor no me quites el aliento de mi vida
Ni mis alegrías
Para lo que fue sólo un instante de locura
no nos despidas
seríamos demasiado infelices
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Porque si te marchas
Si mi felicidad se destrozase
Mi amor, soy yo el que lloraría


lunes, 16 de abril de 2012

Pastora de mis besos

Te me mueres de casta y de sencilla
Estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,

y desde aquel tristísimo suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente

el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.

Y sin dormir, amor, celosamente,

me vigilas la boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.


Miguel Hernández, revista nº 2 de "Rumbos"

martes, 10 de abril de 2012

¿Para qué se trabaja?

En respuesta a la pregunta del próximo encuentro del laboratorio filosófico EQUÁNIMA que esta vez aborda los aspectos filosóficos del trabajo y la sociedad (desconozco para qué fines) voy a intentar plasmar en este escrito la visión que propondría en el debate del día 26 al que seguramente no asistiré. La pregunta se me antoja enorme y no pretendo ser exhaustivo ya que han corrido ríos de tinta sobre este tema, planteados además por pensadores con mucha más capacidad y experiencia que yo, pero sí que espero reflejar el cuadro actual sobre la situación de un trabajador desde una perspectiva crítica en su lado más negativo y al margen de crisis y demás bendiciones sobre la actividad en la que invertimos cada día de nuestra vida para esbozar algunas sugerencias respecto a la pregunta.
Tal como lo entiendo, si la pregunta ¿por qué se trabaja? apunta hacia la investigación de una razón o una causa, la cuestión ¿para qué se trabaja?, denota la búsqueda de una tendencia hacia justificar la función de dicha actividad. Hablar de función nos obliga a abordar la cuestión como una teleología, como no puede ser de otra manera, ya que el trabajo, como queda dicho y repetido por los autores, apunta a una finalidad, a un objetivo práctico, se orienta al resultado. Preguntar pues por la función del trabajo es una cuestión intrínseca y paralela al objetivo del trabajo mismo.
Según la perspectiva de la pregunta parece plantearse desde una toma de situación. Por ejemplo, preguntar ¿para qué filosofas?, implicaría la perspectiva de un interrogador que habitualmente desarrolla una actividad, quizás un trabajo u otra tarea que no es filosofar; la consulta se hace precisamente porque se torna a lo distinto y de ahí nace la necesidad y la curiosidad de preguntar por ello. Pero en este caso la pregunta parece situarse al otro lado. Quizás se le interrogue al intelectual o al filósofo ¿para qué trabajas?. Obviamente la respuesta que en un primer momento se adivina idéntica para cualquiera, analizando más profundamente y según las repercusiones que provoca dicha actividad, bien podría ser distinta según se consulte a una ama de casa, un obrero de la construcción, un economista, un arquitecto, un diseñador, un sociólogo, un político o hasta un religioso. Que las actividades intelectuales, para su desgracia posiblemente, hayan alcanzado cierto valor y respetabilidad laboral también como valor de cambio, ha sido la consecuencia de la política de mercado a la que se han visto sometidas las distintas esferas sociales y que han alcanzado también a los ámbitos culturales e intelectuales. Se impone el mercado y la obligación de crear un valor de cambio para poder subsistir en el ámbito de consumo y éste creo que es el panorama principal al margen del tipo de actividad desarrollada y donde el tiempo creo que es la principal constante que habría que analizar en caso de tener intención de realizar modificaciones para la mejora del ser humano al menos a corto plazo.

Al margen de la especialidad o del experto, lo que principalmente se compra es el tiempo, el valor actual más cotizado según yo lo veo. El presentismo en las empresas es la consecuencia más inmediata. En un primer momento no importa tanto la productividad como la obligatoriedad de mantener el tiempo de la jornada. Más tarde se pedirá al empleado que entregue más que su tiempo, su actitud, su entrega incondicional disfrazada de imagen corporativa y mediante formaciones, cursos, coaching empresarial, tirando de toda ciencia que pueda ponerse al servicio de la empresa y su objetivo ya sea la psicología o las recientes opciones de la nueva era. Espero que la filosofía sepa mantenerse al margen, estoy de acuerdo con Adela Cortina cuando explica que la filosofía no se inclina a cuestiones prácticas sino más bien abstractas y sin finalidad. Lo que es claro es que la empresa compra tiempo del trabajador no sólo como obrero que desarolla una actividad sino también como 'actor'. El empleado desarrolla su faceta más trágica y teatral durante interminables horas diarias hasta el punto de crearle hábito y muchas veces no saber diferenciar quién es y qué parte de su existencia es realmente su vida y su realidad. De este modo el mercado acaba creando una gran empresa de un país que termina olvidando al ciudadano, al ser humano a pesar de recordar desde sus apéndices más siniestros: los departamentos de recursos humanos, que no se olvidan de sus empleados y sus vidas fuera de la empresa, como la utópica conciliación familiar, supuestamente siempre llenos de buena intención, estrategia una vez más de captación para la secta empresarial y sus fines.
También se hace necesario diferenciar los tipos principales de trabajo a los que nos vemos sometidos a diario y que creo que básicamente son el trabajo doméstico que engloba variadas tareas personales mayormente y que finalmente de manera sutil resultan ser tiempo comprado por la circunstancia y el entorno y el trabajo de tiempo comprado, según esta perspectiva que planteo y que es el que habitualmente conocemos para desarrollar cierta ganancia/producción sea por cuenta ajena o particular.
La magia del tiempo comprado es que nos ha liberado a todos. Ha conseguido liberar al antiguo esclavo de las tareas domésticas que permitían al dueño dedicarse a menesteres intelectuales u otras tareas no laborales. De este modo ahora toda persona es igual a las demás para el mercado. Cualquiera vale para vender su tiempo además de su especialización. En resumen, y como principal objeto, el mercado puede comprar a la persona, la cual siempre tiene valor de cambio. Al menos así se lo plantea tácticamente. A la persona que quiere permanecer fiel a sí misma y a ciertos valores ajenos a los fines de la empresa, normalmente se la expulsa del terreno de juego laboral. Por esto se hace necesario mantener a flor de piel las dotes de dramatización, de actor social, buen trabajador, buena actitud, buen compañero, buenos resultados y desmontar este escenario conlleva acabar tildado de negativo, de falto de ambición, de desmotivado y de estar en deuda con el resto que empuja la nave empresarial. En definitiva es expulsado de la polis empresarial siendo apartado al final de las filas. Normalmente basta una sola oportunidad para acabar siendo abandonado y sin ningún interés, nunca se le volverá a adjudicar nada importante. A partir de ahí da lo mismo que permanezca tu cuerpo allí o en tu particular balneario mental, ahora tu valor de cambio se traducirá principalmente en presentismo, acabar tu jornada diaria como sea y prácticamente sin posibilidad de inserción. El fin es el destierro y la bienvenida a las puertas del INEM. Es una forma sutil y refinada de mantener encubierto un sistema de esclavos donde al oprimido, al actor, se le impele a ser más y mejor, y donde se filtra a unos de otros, donde se rescata a una élite, con fecha de caducidad por cierto, a los 'mejores' que son los que entregan más de lo que se les pide, los que se someten al programa empresarial y que de cualquier manera nunca terminan de ser bien pagados conforme al estado general de valores de las cosas.

Desde otro prisma, socialmente el trabajo se trata de un encuentro de personas a los que te tienes que dar y que de manera voluntaria posiblemente nunca hubieras elegido, lo cual genera ambientes tensos y de poca comprensión entre las personas. Muchas veces los propios grupos de trabajadores pueden ser más terribles que el hecho de invertir tu tiempo cada día en desarrollar tu actividad.
Psicológicamente el trabajo, si quizás tuviera un valor positivo sobre la personalidad, incluso en una actividad que agrada, termina por mellar todo espíritu, aburrido de rutinas, negado a toda creatividad y estresado de mantener inflexiblemente este ritmo durante demasiado tiempo. Entonces es que el trabajador está enfermo, cuando posiblemente esté en su momento más lúcido al darse cuenta de que su vida se desmorona y entiende cuál es la verdadera causa. El actor abandona su papel por ciertos momentos. El principio de la libertad, de lo natural en el hombre es lo enfermo para el mundo de la empresa. El sano empresarial termina olvidando quién es realmente, cuál es su vida real y cuáles son las cosas realmente importantes del hombre y como resultado termina por no saber vivir de otro modo. El papel usurpa al actor.

Si el trabajo debía liberar a las personas, liberar su tiempo, más aún con la irrupción de las máquinas, ha terminado por convertirlas en meros apéndices de la maquinaria de mercado. El trabajo ya debiera haber reinventado la manera humana de trabajar. Pero tras el trabajo está el poder, el poder sobre las personas a las que se les recuerda lo afortunadas que son por formar parte de este mecanismo y a las que se les obliga a mantener una actitud positiva sobre una situación no-natural que les coacciona a vender más tiempo del necesario y a actuar forzadamente bajo la ética de la empresa.
En definitiva, se trabaja para comprar sueños, comprar tiempos de vida ridículos, espacios y lugares imposibles de obtener a no ser que dispusieras de tu tiempo vital a tu entera disposición.
Sí, compañeros, se trabaja para olvidarse de sí mismo, olvidar lo básico, negar lo familiar, dividir al ser humano diseccionándolo hasta que una parte consume a la otra. Se trabaja para asentir cuando te dicen que puedes comprar y poseer y 'vivir' la vida que te han elegido y que necesitan que mantengas para asegurar los circuitos de consumo. Ofrecerte cierto tipo de vida es el mejor aliciente que te pueden proponer. El mejor sustituto de la religión para el poder sobre el hombre. La historia del hombre (masculina) ha conseguido trasladar a su propio mundo a la mujer que esperaba liberarse, ahora esclavizada junto al hombre en pos de una hipoteca.
Se trabaja para olvidar que vivimos en un sistema que nos recuerda lo pésimo de la imaginación y la intención del ser humano. De lo mal que sabe hacer las cosas cuando quiere y del triunfo del egoísmo de unos pocos sobre muchos.