viernes, 8 de junio de 2012

Últimas noticias...


«Siendo yo joven, pasé por la misma experiencia que otros muchos; pensé dedicarme a la política tan pronto como fuera dueño de mis propios actos; y he aquí las vicisitudes de los asuntos públicos de mi patria a que hube de asistir. Siendo objeto de general censura el régimen político a la sazón imperante, se produjo una revolución; al frente de este movimiento revolucionario se instauraron como caudillos cincuenta y un hombres: diez en el Pireo y once en la capital … mientras que treinta se instauraron con plenos poderes al frente del gobierno en general. Se daba la circunstancia de que alguno de éstos eran allegados y conocidos míos y en consecuencia requirieron al punto mi colaboración, por entender que se trataba de actividades que me interesaban. La reacción mía no es de extrañar, dada mi juventud; yo pensé que ellos iban a gobernar la ciudad sacándola de un régimen de vida injusto y llevándola a un orden mejor, de suerte que les dediqué mi más apasionada atención, a ver si lo conseguían. Y vi que en poco tiempo hicieron aparecer bueno, como una edad de oro, el anterior régimen. Entre otras tropelías que cometieron estuvo la de enviar a mi amigo, el anciano Sócrates, de quien yo no tendría reparo en afirmar que fue el más justo de los hombres de su tiempo, a que en unión de otras personas prendiera a un ciudadano para conducirlo por la fuerza a ser ejecutado; orden dada con el fin de que Sócrates quedara, de grado o por fuerza, complicado en sus crímenes; por cierto que él no obedeció, y se arriesgó a sufrir toda clase de castigos antes de hacerse cómplice de sus iniquidades. Viendo, digo, todas estas cosas y otras semejantes de la mayor gravedad, lleno de indignación me inhibí de las torpezas de aquel periodo … No mucho tiempo después cayó la tiranía de los Treinta y todo el sistema político imperante. De nuevo, aunque ya menos impetuosamente, me arrastró el deseo de ocuparme de los asuntos públicos de la ciudad. Pero dio también la casualidad de que algunos de los que estaban en el poder llevaron a los tribunales a mi amigo Sócrates a quien acabo de referirme, bajo la acusación más inicua y que menos le cuadraba … Al observar  yo cosas como éstas y a los hombres que ejercían los poderes públicos, así como las leyes y las costumbres, cuanto con mayor atención lo examinaba, al mismo tiempo que mi edad iba adquiriendo madurez, tanto más difícil consideraba administrar los asuntos públicos con rectitud … De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas las direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente, Y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno público como en el privado, y que no cesará  en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra» Platón Carta séptima, (traducción de M. Toranzo, Instituto de Estudios Políticos, 1970)

jueves, 7 de junio de 2012

La ciudad del corazón

Hoy he vuelto a mi ciudad y he visto caras tristes, almas tristes.
Brazos cruzados y viejas mochilas de regalo.
Pijos veraniegos y funambulistas del vestido.
Las caras conocidas pasando desapercibidas ante gentes vacías de todo.
De todo menos de nostalgia de ser, de experiencia e identidad.
La soledad pasea las calles que no es sino ensueño de la crisis,
De los tiempos mejores que habrán de llegar.
La lucha se quiebra pero el deseo también.
Tristeza en el corazón alegre de mi cuidad
que destila sus lágrimas bajo toldos y escaparates.




viernes, 27 de abril de 2012



Si je t'ai blessée
Si j'ai noirci ton passé
Viens pleurer au creux de mon épaule
Viens tout contre moi
Et si je fus maladroit
Je t'en prie, chérie, pardonne-moi

Laisse ta pudeur
Du plus profond de ton cœur
Viens pleurer au creux de mon épaule
Oublie si tu peux
Nos querelles d'amoureux
Et, chérie, nous pourrons être heureux

Ô, mon amour
Ne m'enlève pas le souffle de ma vie
Ni mes joies
Pour ce qui ne fut qu'un instant de folie

Ne dis pas adieu
Nous serions trop malheureux
Viens pleurer au creux de mon épaule
Car si tu partais
Si mon bonheur se brisait
Mon amour, c'est moi qui pleurerais

Ô, ô mon amour
Ne m'enlève pas le souffle de ma vie
Ni mes joies
Pour ce qui ne fut qu'un instant de folie

Ne dis pas adieu
Nous serions trop malheureux
Viens pleurer au creux de mon épaule
Car si tu partais
Si mon bonheur se brisait
Mon amour, c'est moi qui pleurerais

Al hueco de mi hombro

Si te herí
Si oscurecí tu pasado
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Todo está contra mí
Y si fui torpe
Por favor, amada, perdóname
Pon freno a tu pudor
Desde lo más profundo de tu corazón
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Olvida si puedes
Nuestras disputas de enamorados
Y, amada, podremos ser felices
Oh, mi amor no me quites el aliento de mi vida
Ni mis alegrías
Para lo que fue sólo un instante de locura
no nos despidas
seríamos demasiado infelices
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Porque si te marchas
Si mi felicidad se destrozase
Mi amor, soy yo el que lloraría
Oh, mi amor no me quites el aliento de mi vida
Ni mis alegrías
Para lo que fue sólo un instante de locura
no nos despidas
seríamos demasiado infelices
Ven a llorar al hueco de mi hombro
Porque si te marchas
Si mi felicidad se destrozase
Mi amor, soy yo el que lloraría


lunes, 16 de abril de 2012

Pastora de mis besos

Te me mueres de casta y de sencilla
Estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,

y desde aquel tristísimo suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente

el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.

Y sin dormir, amor, celosamente,

me vigilas la boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.


Miguel Hernández, revista nº 2 de "Rumbos"

martes, 10 de abril de 2012

¿Para qué se trabaja?

En respuesta a la pregunta del próximo encuentro del laboratorio filosófico EQUÁNIMA que esta vez aborda los aspectos filosóficos del trabajo y la sociedad (desconozco para qué fines) voy a intentar plasmar en este escrito la visión que propondría en el debate del día 26 al que seguramente no asistiré. La pregunta se me antoja enorme y no pretendo ser exhaustivo ya que han corrido ríos de tinta sobre este tema, planteados además por pensadores con mucha más capacidad y experiencia que yo, pero sí que espero reflejar el cuadro actual sobre la situación de un trabajador desde una perspectiva crítica en su lado más negativo y al margen de crisis y demás bendiciones sobre la actividad en la que invertimos cada día de nuestra vida para esbozar algunas sugerencias respecto a la pregunta.
Tal como lo entiendo, si la pregunta ¿por qué se trabaja? apunta hacia la investigación de una razón o una causa, la cuestión ¿para qué se trabaja?, denota la búsqueda de una tendencia hacia justificar la función de dicha actividad. Hablar de función nos obliga a abordar la cuestión como una teleología, como no puede ser de otra manera, ya que el trabajo, como queda dicho y repetido por los autores, apunta a una finalidad, a un objetivo práctico, se orienta al resultado. Preguntar pues por la función del trabajo es una cuestión intrínseca y paralela al objetivo del trabajo mismo.
Según la perspectiva de la pregunta parece plantearse desde una toma de situación. Por ejemplo, preguntar ¿para qué filosofas?, implicaría la perspectiva de un interrogador que habitualmente desarrolla una actividad, quizás un trabajo u otra tarea que no es filosofar; la consulta se hace precisamente porque se torna a lo distinto y de ahí nace la necesidad y la curiosidad de preguntar por ello. Pero en este caso la pregunta parece situarse al otro lado. Quizás se le interrogue al intelectual o al filósofo ¿para qué trabajas?. Obviamente la respuesta que en un primer momento se adivina idéntica para cualquiera, analizando más profundamente y según las repercusiones que provoca dicha actividad, bien podría ser distinta según se consulte a una ama de casa, un obrero de la construcción, un economista, un arquitecto, un diseñador, un sociólogo, un político o hasta un religioso. Que las actividades intelectuales, para su desgracia posiblemente, hayan alcanzado cierto valor y respetabilidad laboral también como valor de cambio, ha sido la consecuencia de la política de mercado a la que se han visto sometidas las distintas esferas sociales y que han alcanzado también a los ámbitos culturales e intelectuales. Se impone el mercado y la obligación de crear un valor de cambio para poder subsistir en el ámbito de consumo y éste creo que es el panorama principal al margen del tipo de actividad desarrollada y donde el tiempo creo que es la principal constante que habría que analizar en caso de tener intención de realizar modificaciones para la mejora del ser humano al menos a corto plazo.

Al margen de la especialidad o del experto, lo que principalmente se compra es el tiempo, el valor actual más cotizado según yo lo veo. El presentismo en las empresas es la consecuencia más inmediata. En un primer momento no importa tanto la productividad como la obligatoriedad de mantener el tiempo de la jornada. Más tarde se pedirá al empleado que entregue más que su tiempo, su actitud, su entrega incondicional disfrazada de imagen corporativa y mediante formaciones, cursos, coaching empresarial, tirando de toda ciencia que pueda ponerse al servicio de la empresa y su objetivo ya sea la psicología o las recientes opciones de la nueva era. Espero que la filosofía sepa mantenerse al margen, estoy de acuerdo con Adela Cortina cuando explica que la filosofía no se inclina a cuestiones prácticas sino más bien abstractas y sin finalidad. Lo que es claro es que la empresa compra tiempo del trabajador no sólo como obrero que desarolla una actividad sino también como 'actor'. El empleado desarrolla su faceta más trágica y teatral durante interminables horas diarias hasta el punto de crearle hábito y muchas veces no saber diferenciar quién es y qué parte de su existencia es realmente su vida y su realidad. De este modo el mercado acaba creando una gran empresa de un país que termina olvidando al ciudadano, al ser humano a pesar de recordar desde sus apéndices más siniestros: los departamentos de recursos humanos, que no se olvidan de sus empleados y sus vidas fuera de la empresa, como la utópica conciliación familiar, supuestamente siempre llenos de buena intención, estrategia una vez más de captación para la secta empresarial y sus fines.
También se hace necesario diferenciar los tipos principales de trabajo a los que nos vemos sometidos a diario y que creo que básicamente son el trabajo doméstico que engloba variadas tareas personales mayormente y que finalmente de manera sutil resultan ser tiempo comprado por la circunstancia y el entorno y el trabajo de tiempo comprado, según esta perspectiva que planteo y que es el que habitualmente conocemos para desarrollar cierta ganancia/producción sea por cuenta ajena o particular.
La magia del tiempo comprado es que nos ha liberado a todos. Ha conseguido liberar al antiguo esclavo de las tareas domésticas que permitían al dueño dedicarse a menesteres intelectuales u otras tareas no laborales. De este modo ahora toda persona es igual a las demás para el mercado. Cualquiera vale para vender su tiempo además de su especialización. En resumen, y como principal objeto, el mercado puede comprar a la persona, la cual siempre tiene valor de cambio. Al menos así se lo plantea tácticamente. A la persona que quiere permanecer fiel a sí misma y a ciertos valores ajenos a los fines de la empresa, normalmente se la expulsa del terreno de juego laboral. Por esto se hace necesario mantener a flor de piel las dotes de dramatización, de actor social, buen trabajador, buena actitud, buen compañero, buenos resultados y desmontar este escenario conlleva acabar tildado de negativo, de falto de ambición, de desmotivado y de estar en deuda con el resto que empuja la nave empresarial. En definitiva es expulsado de la polis empresarial siendo apartado al final de las filas. Normalmente basta una sola oportunidad para acabar siendo abandonado y sin ningún interés, nunca se le volverá a adjudicar nada importante. A partir de ahí da lo mismo que permanezca tu cuerpo allí o en tu particular balneario mental, ahora tu valor de cambio se traducirá principalmente en presentismo, acabar tu jornada diaria como sea y prácticamente sin posibilidad de inserción. El fin es el destierro y la bienvenida a las puertas del INEM. Es una forma sutil y refinada de mantener encubierto un sistema de esclavos donde al oprimido, al actor, se le impele a ser más y mejor, y donde se filtra a unos de otros, donde se rescata a una élite, con fecha de caducidad por cierto, a los 'mejores' que son los que entregan más de lo que se les pide, los que se someten al programa empresarial y que de cualquier manera nunca terminan de ser bien pagados conforme al estado general de valores de las cosas.

Desde otro prisma, socialmente el trabajo se trata de un encuentro de personas a los que te tienes que dar y que de manera voluntaria posiblemente nunca hubieras elegido, lo cual genera ambientes tensos y de poca comprensión entre las personas. Muchas veces los propios grupos de trabajadores pueden ser más terribles que el hecho de invertir tu tiempo cada día en desarrollar tu actividad.
Psicológicamente el trabajo, si quizás tuviera un valor positivo sobre la personalidad, incluso en una actividad que agrada, termina por mellar todo espíritu, aburrido de rutinas, negado a toda creatividad y estresado de mantener inflexiblemente este ritmo durante demasiado tiempo. Entonces es que el trabajador está enfermo, cuando posiblemente esté en su momento más lúcido al darse cuenta de que su vida se desmorona y entiende cuál es la verdadera causa. El actor abandona su papel por ciertos momentos. El principio de la libertad, de lo natural en el hombre es lo enfermo para el mundo de la empresa. El sano empresarial termina olvidando quién es realmente, cuál es su vida real y cuáles son las cosas realmente importantes del hombre y como resultado termina por no saber vivir de otro modo. El papel usurpa al actor.

Si el trabajo debía liberar a las personas, liberar su tiempo, más aún con la irrupción de las máquinas, ha terminado por convertirlas en meros apéndices de la maquinaria de mercado. El trabajo ya debiera haber reinventado la manera humana de trabajar. Pero tras el trabajo está el poder, el poder sobre las personas a las que se les recuerda lo afortunadas que son por formar parte de este mecanismo y a las que se les obliga a mantener una actitud positiva sobre una situación no-natural que les coacciona a vender más tiempo del necesario y a actuar forzadamente bajo la ética de la empresa.
En definitiva, se trabaja para comprar sueños, comprar tiempos de vida ridículos, espacios y lugares imposibles de obtener a no ser que dispusieras de tu tiempo vital a tu entera disposición.
Sí, compañeros, se trabaja para olvidarse de sí mismo, olvidar lo básico, negar lo familiar, dividir al ser humano diseccionándolo hasta que una parte consume a la otra. Se trabaja para asentir cuando te dicen que puedes comprar y poseer y 'vivir' la vida que te han elegido y que necesitan que mantengas para asegurar los circuitos de consumo. Ofrecerte cierto tipo de vida es el mejor aliciente que te pueden proponer. El mejor sustituto de la religión para el poder sobre el hombre. La historia del hombre (masculina) ha conseguido trasladar a su propio mundo a la mujer que esperaba liberarse, ahora esclavizada junto al hombre en pos de una hipoteca.
Se trabaja para olvidar que vivimos en un sistema que nos recuerda lo pésimo de la imaginación y la intención del ser humano. De lo mal que sabe hacer las cosas cuando quiere y del triunfo del egoísmo de unos pocos sobre muchos.

jueves, 28 de julio de 2011

La buena intención

Hubo un tiempo en que quizás mantener una posición ‘ sin tener ideales’ era difícil, mal visto, de poco educado o de mal formado, por no decir incluso de clase inferior. Hoy en cambio parece que es todo lo contrario. Resulta difícil mantener ideales. Parece que el individuo ligado a unas ideologías, que respeta, sostiene y las vive, se le ve como un exclavo a sus ideas e incluso anticuado o conservador. El ideal de hoy es romper; está de moda ser rebelde y ser sólo fiel a uno mismo al precio social que cueste. Nadie quiere quedarse en su cubil mojigato al menos de cara a la galería. Se lleva ser de izquierdas, da más juego social. Es ya una cuestión estética, si no se es al menos hay que parecerlo. En primer lugar uno se debe a sí mismo y esto explicado socialmente ya desborda coherencia para todo aquel que lo escucha. Indivualismo ciego que se olvida de muchas cosas en su aparcelamiento. Es dificil entender ciertas peticiones del grupo desde algún individuo o más de uno con un par de coches, funcionario, chalet, piscina, trabajo fijo, etc Quiero pensar que pide para otros y no para sí mismo, pero no deja de terner cierto tufillo incoherente. Y luego el día a día, ¿cuántas 'ofensas' se le perdonan al desconocido, al vecino, al compañero de trabajo? ¿más de una quizás?
Tras ver ayer una noticia sobre la hambruna en Somalia y los ojos penetrantes tras un cuerpo insostenible de una criatura de pocos meses vuelvo al prisma realmente importante. ¿Se puede hablar de indignación en tu pequeño mundo? Quizás nos engañemos, que primero empecemos con las cosas cercanas (casualmente las nuestras) para luego atacar los problemas globales. Lo realmente indignante está demasiado lejos, queremos cambiar cosas, cosas cercanas, igualdad a los que más tienen pero espero que no olvidemos a los que no tienen nada que perder y todo por poseer y que son realmente a los que deberíamos elevar. El resto es palabrería.

Ayer tuve una charla algo superficial sobre el 15 M, tema de moda, y algunos aspectos más o menos criticables de mi municipio con dos personas que recogían firmas e invitaban a la Asamblea. Me recordó un verdadero apostolado contra el que no se puede uno poner en contra si no quiere ser mal visto. Lamento realmente encontrar poca gente con puntos en común sobre las cosas que intento explicar, me voy acostumbrando a estar solo. El hecho de que estos vecinos dediquen su tiempo a esto es realmente loable y dice mucho de ellos como personas. Sacrifican su ámbito privado en pos del ámbito político. Se nota que la personalidad se curte con las dificultades (posiblemente las que pasaron en el pasado). Buena intención no falta, pero algo sorda. Más que nada porque hablamos de muchas cosas fundamentales sobre la democracia pero creo que no me escucharon lo que les intentaba decir o no les interesó demasiado; no es otra cosa que el debate ya clásico sobre la democracia directa y representativa. La Asamblea en algún momento debe canalizar y por tanto erigirse en representativa en algún portavoz. La democracia directa hoy por hoy es impracticable. Deberíamos asistir una o dos veces al día para aprobar directrices. No es sólo votar con dni electrónico, es que necesitas conocer multitud de detalles y leer interminables informaciones para poder emitir una decisión coherente. Al final sacrificar tu ámbito privado. Esto no es Atenas (digo la clásica no la despreciada de ahora). El caso es que parece que el discurso sólo debía ir en una dirección, yo debía callar y escuchar y ellos exponer lo que ya conocemos desde twitter o las noticias y lo que ya es obvio desde los años 80 tras la entrada en la OTAN y el mercado común. Uno de ellos lo dejó por imposible y se marchó a buscar firmas. Seguí con el otro. Creo que nos falta lectura crítica, costumbre política, dialogo reflexivo, análisis objetivo de las cuestiones que tanto nos preocupan (subjetivas por cierto). Sobre todo información correcta pero por opinar..., pues bueno. Pero sí puedo decir que hubo conexión, conexión humana, mismo sentir sobre varias cosas o sobre una en general, más allá de la teoría política y la indignación. Este es el vínculo necesario. Pero esto no se puede elevar al pleno de una manera concreta. Para el político esta es su profesión y necesita debatir sobre cosas concretas. En cualquier profesión pediríamos lo mismo. Sabemos que necesitamos algo, un cambio, pero no sabemos concretarlo. De hecho es demasiado complejo para el ciudadano abordar cuestiones que no comprende bien, demasiada desinformación o quizás exceso de ella intoxicada. No dan con ello ni los especialistas. Esto me recuerda a las peticiones sindicales de mi trabajo. Al final nadie concreta nada definido, que se cambie, que se haga, que alguien haga algo, pero soluciones reales y practicables pocas. Y menos si uno mismo tiene que hacer algo. Y dar la cara lo justo por no decir nada. Seguimos.
Me contaba que llevaba años sin votar,... doy gracias a que no estamos en la Antiguedad donde te acusaban de impiedad contra la ciudad por no querer participar en asuntos ciudadanos. Un ser inútil hubiera dicho Pericles, un insolidario. Ahora decimos indignado y con razón. Algo tiene que cambiar pero desde dentro. Salirse no conduce a ningún sitio salvo al control sin traba de los más interesados. Sencillamente no cuentas, ni para lo bueno ni para lo malo,
Hablamos de las subidas de sueldo, hablamos de que el político ya sabe lo que hay y que no se meta a político si hay crisis (gran argumento...que gane 1000 euros quizás) Contrargumento: Creo que si en tu trabajo te suben 500 euros al mes por que alguien ha pensado que lo mereces deberías decir 'renuncio a ellos porque estamos en tiempo crisis y no es momento de subirme el sueldo con la que está cayendo'. Sinceramente me gustaría verlo, posiblemente muchos que alzan la pancarta pensarían por fin me ha llegado el momento y voy a disfrutarlo y a vivir. Se reduce todo al final a una cuestión topográfica, ¿en qué lugar me hallo?.

Me juego a que me estoy saliendo del tiesto, están pensando algunos, éste de dónde es, de qué es, en dónde le encasillo... Varias argumentaciones que me suenan a poco maduradas, no demasiado reflexivas y sí a catecismo y a dogma de informaciones y desinformaciones que destilan por los callejones sociales. Sigo pensando que toda la responsabilidad no es sólo del sistema, también de la educación, de la cultura, del arte, de la religión... de la ética. Hoy día más que nunca la paideia se hace necesaria, el hombre como zoon politikón se mantiene como tal en sociedad, en intercambio, en el dialogo, en la libertad, es su razón de ser para poder mantener garantía en su ámbito privado, Como conclusión llegamos a la necesidad de al menos conocernos más, que la Asamblea sirva para cuestiones no sólo políticas, más bien sociales, lúdicas, eventos, etc para reunir a la gente, para soñar juntos y volver a pedir transparencia y honestidad a la gente en quien delegó con el voto la mayoría (a pesar de muchos). Esto sí es democracia, necesitamos el disenso, el combate dialéctico, la controversia desde la libertad para crear el tercero hegeliano elevado que auna estas dualidades. Y que aún así mejor hacer algo que no hacer nada. Demasiados años de inmovilismo llevamos a la espalda.

sábado, 9 de julio de 2011

Lo mejor de todo el verano

Lo mejor de todo el verano… La sonrisa floja, el atardecer lento, la caricia del agua y el cabello cortado. Vestirse de algo no habitual, de tu perfume, ser quien no se es, y también, por qué no, agarrar la piedra, sacudir los brazos, arañar la pierna y dejar los nudillos en cada intento. Lo mejor de tus noches la calada, el incienso, lo nuestro, melodía y poesía, el vestido en el suelo, el póster vigilante, y de nuevo la caricia indescifrable. Hombro suave, piel que respira, uña y yema, puño sosteniendo lo insostenible, crispado, ajeno a la sabana. Pelo, rizo y tacto, goma y encaje, lengua y humedad. Suspiras y juegas para que nada acabe, ruegas para que nunca termine. Muero en tu calor infinito y oscuro. El espejo identificando lo que eres. Ausencia y recuerdo, la voz sedada, lugar mágico e irrepetible. Soledad.
Lo mejor del invierno, el refugio y la tristeza. La incomprensión y el jazz. Imaginarte en mil lugares, siendo quien no eres, vistiéndote para el compromiso. La cultura, el ocio, la danza, y al final del día, el desván, la respiración sobre la almohada que devuelve su fragancia, su abrazo, su sueño.
¿Quién eres ahora? Lo mismo da sobre la montaña que desde el escenario, que con un libro en la mano o posando. Con las gafas sobre el pelo o cercanas a la punta de la nariz. Con sombreros o bufandas, con tu abrigo más grueso o el jersey de lana más gorda, cada día te desnudaré mil veces, una y otra vez, y cada tarde y en cada amanecer volveré a tomarte. Just say this de Bill Frisell. Tus uñas y la piel. Tu pecho lleno de vida propia. Aureola enorme donde posar mis ríos, donde yacer mi sexo. Ombligo recipiente de la lengua sedienta y el vello que como un sendero se desploma hasta alcanzar la calidez de tu pelo, de tu rizo ennegrecido y caliente que espera ser inundado de saliva y canela, de mi respiración en tu entraña, de mi beso infinito que estalla, que nunca acaba…¿quién eres ahora, dulce reina?, ¿dónde habitas?, ¿dónde reside tu alma negra ahora entregada a la inocencia?